RECORTAR LA FORMACIÓN DOCENTE ES UN PASO EN FALSO PARA LA CALIDAD EDUCATIVA
En medio del debate sobre el presupuesto educativo para 2026, en
nombre del Colectivo Ciudadano por la Calidad Educativa, deseo alertar sobre
una decisión gubernamental que considero contraproducente: reducir RD$ 1,250 millones de pesos a la
asignación destinada a la formación y capacitación de docentes de las escuelas
públicas. Lejos de mejorar la calidad educativa, esta decisión solo agrava el
problema existente.
La evidencia disponible hasta la fecha muestra que la calidad de
la formación y capacitación que recibe el magisterio dominicano es deficiente y
que la mayoría de los programas
formativos no se traducen en mejoras sustantivas en la enseñanza y el
aprendizaje en las aulas. Sin embargo, “La solución no es recortar recursos, sino, garantizar que cada peso invertido en
formación docente sea más efectivo, medible y responsable ante la sociedad”.
El diagnóstico sobre la baja calidad de la oferta formativa que
reciben los docentes en servicio no es nuevo y se sustenta en estudios y consultas
con docentes de escuelas públicas durante varios años. Los hallazgos señalan una brecha entre lo que se gasta y los
resultados observables en el aula, lo que sugiere fallas en la selección de
programas, su diseño, su implementación y la falta de evaluación rigurosa de su
impacto. En este marco, la reducción presupuestaria “sería contraproducente”,
ya que reducir el presupuesto a la capacitación
docente sólo agravaría la baja calidad de la formación que reciben.
La vía correcta para mejorar la formación y capacitación del
magisterio pasa por transformar la calidad del gasto mediante tres ejes
estratégicos:
- Liderazgo
competente en las instituciones responsables: es indispensable designar
y apoyar a funcionarios con capacidad técnica y gerencial en el Ministerio de
Educación y en INAFOCAM para asegurar gobernanza eficaz, evaluación rigurosa y
rendición de cuentas.
- Evaluación basada en
evidencia: implementar una evaluación de desempeño docente autentica y con
verdadero rigor científico, que permita identificar las necesidades formativas
reales de los docentes y que generen programas con impactos reales en la enseñanza y el
aprendizaje, eliminando o reformando aquellos que no demuestren resultados o
que resulten ineficientes.
-
Empoderamiento profesional docente: fomentar una cultura crítica entre
los docentes respecto a la oferta formativa, promover la participación en
selecciones de programas con evidencia de impacto y facilitar reclamos
colectivos para mejorar la calidad de la formación.
“Los docentes deben
convertirse en agentes activos de la calidad educativa: deben saber evaluar
críticamente la oferta formativa, rechazar programas sin impacto probado y
exigir mejoras.
En conclusión, la reducción de la asignación a la formación
docente sin una revisión profunda de la calidad de la oferta no solo no mejora
la educación, sino que agrava las condiciones de aprendizaje en las aulas. “La
fiebre no está en la sábana”, necesitamos
soluciones estructurales y bien fundamentadas, no más problemas de los que ya
tenemos.

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